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el arma de josef k

junio 7, 2008

(arma, (alma), armar, amar, desarmar, desamar)

la estúpida idea de personificarse o humanizarse en los personajes… tratar de encontrarse, reconocerse en un protagonista, narrador, actor secundario del libro; de esa canción.

y si tan sólo pudiésemos definirnos tan fácilmente como lo hace un libro ¿cómo sería (d)escrito un yo? los personajes de los libros simplemente son lo que son: nacen en la página nueve y siguen su camino ya marcado, sus palabras ya están dichas, sus hechos, los pensamientos, todo está escrito… no hay finales abiertos; hay sólo un final y el personaje muere en la página 286. no hay más.

es fácil darse cuenta la realidad de un libro. basta saber quien narra, quien dijo qué a quién (jugar con el tiempo y el espacio para complicar un poco las cosas es sólo vanidad del escritor)

pero la vida real que aquí tenés es confusa. ¿quién cuenta esta historia? lo que dije, ¿te lo decía a ti o otra, qué me dijiste a mí y que le dijiste a juan o a marrast, quién es quién o nadie es nadie? y uno que no es más que simple mortal tiende a hacer y deshacer y recordar y no tener un futuro que potenciar siquiera, caminar, huir, viajar, quedarse quieto, dormir y drogarse, levantarse, pensar esto hoy y esto -que tal vez ya no sea lo mismo- mañana otra vez y decir estupideces y arrepentirse al día siguiente en una terraza y volver a (des)desdecirse porque otra vez me equivoqué de receptor y el emisor no era quien pensabas que era(s).

(claro, podríamos entregarnos a la falacia de que existe un destino escrito por un dios, dioses, naturaleza, historia o lo que sea y dejar este texto hasta acá, porque nada tendría sentido si ya estamos escritos)

prefiero, en cambio, creer que no somos precisamente marionetas de ese algo superior y que el hoy y el mañana no dependen de otra cosa más que lo hecho… y he ahí precisamente el gran problema.

y hoy (porque tuve que ir solo a bibliometro un día que no era miércoles) precisamente terminé de leer el libro que debí leer hace meses, que nunca debiste leer y que nunca debí regalarte. porque está todo explicado ahí. y volvemos a la pregunta inicial… ¿somos como personajes y nuestras historias ya estaban trazadas o, por otro lado, los personajes son un trozo de lo que podemos ser o fuimos algún día?

porque eres hélène (¡claramente lo eres!), pero te traté como a tell y a veces también fuiste nicole o tal vez nunca fuiste ninguna de ellas o fuiste simplemente celia o eres juan. y yo… soy juan (¿o tell?), pero a veces también fui marrast, fui hélène y nicole también. y aparecen demasiados nombres que no somos nosotros en los hechos. pero el libro y su realidad de allá también son parte de la realidad de acá, es un hecho. y siguen apareciendo personajes que ya no sé si eran parte del libro o de la realidad de acá… ya no me acuerdo cuál es cuál.

y juan nunca le habría dado tal consejo a hélène, pero yo mismo -que no era juan- te convencí que no había que potenciar el futuro, porque a veces tampoco eras hélène (¿o siempre lo fuiste?) y eras una danesita loca o yo un escultor que no se atrevía a ver a juan -otro juan que no quiero pensar que es él- a través de tus ojos de nicole.

lo que este cobarde piensa, obvio: yo juan, tú hélène. como tu misma dijiste, nunca coincidimos; la gente (esa gente del pasado) no me dejó bajar en la misma esquina en que tú bajabas del tranvía; los momentos que estuvimos juntos en la ciudad (esa ciudad que hoy no quiero ni recordar su nombre ni sus torres); el hombre muerto (que no era juan, pero era yo) que mataste después que te dijo “hasta luego” en un paradero; la muñeca destrozada (libre de sus llaves) colgada de tu pared y tú que aún no descubres lo que hay dentro…

en fin, un montón de analogías que podría esgrimir como armas de triunfos… sin embargo, no somos personajes de libros o ellos no son nosotros, que es lo mismo para el caso.

y en algún momento hélène le dijo a juan:

vaya a saber si diana no se entregó a acteón, pero lo que cuenta es que después le echó los perros y probablemente gozó viendo como lo destrozaban. no soy diana pero siento que en alguna parte de mí hay perros que esperan, y no hubiera querido que te hicieran pedazos

y ahora se trata de dianas y acteones y perros, sobretodo perros (que sí mi hicieron pedazos) y la lista de nombres sigue entre raquel y sebastián, un recuerdo del pasado que nunca fue hélène (o fue la nicole de calac) y un josef k condenado que acepta lo lleven al acantilado a morir, a vivir al día.

¿con quién será tu cita al final de la historia… adónde llegarás con ese paquete bajo tu brazo? (bah! perdón, eso era en la realidad de allá. en la de acá nada de eso existe. no hay futuro. noy planes; no hay control)

y es todo un maldito todo que no puedo vivir, sentir; respirar sin la maldita esperanza de que lo armado no está terminado aún, porque no somos personajes de libro. pero tampoco la vida puede ser tan malditamente el presente y nada más que el presente.

al menos cerati tiene razón: es un modelo para armar, pero nunca para desarmar.

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