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testamento

septiembre 1, 2008

¿que dejaría tras de mí? preguntas perversas para estos momentos… pero si no es ahora, no será hasta la próxima vez que me toque pararme indefenso frente al mundo, y puede que pase mucho tiempo antes que pase de nuevo (i hope).

la inducción a posteriori hubiera llevado a la frenología a admitir, como principio innato y primitivo de la acción humana, algo paradójico que podemos llamar perversidad a falta de un término más característico. en el sentido que le doy es, en realidad, un móvil sin motivo, un motivo no motivado. bajo sus incitaciones actuamos sin objeto comprensible, o, si esto se considera una contradicción en los términos, podemos llegar a modificar la proposición y decir que bajo sus incitaciones actuamos por la razón de que no deberíamos actuar. en teoría ninguna razón puede ser más irrazonable; pero, de hecho, no hay ninguna más fuerte.

con las cosas materiales es fácil: los devedés, emepetrés y demases que tengo prestados los dejos en las manos de quien sea que los tenga; mis guitarras y bajo a quien las aproveche mejor que yo no estaría mal; patricio en manos de quien lo abrace y lo deje junto a su cama; los recuerdos del placard y sobre mi repisa al fuego donde siempre han estado; el resto da igual…

pero qué hacer con lo demás, lo que me importa que no se quede sin mí. y sí, me bajó la egolatría y de pronto quiero ser el centro del universo, al menos de ese pequeño universo que nos gusta llevar en el bolsillo, apretado en las manos para que no se escape y nos llene de -lo que llaman- vida. de todo eso no sé que hacer y de pronto me dan ganas de que todo esto sea en vano para tener más tiempo y pensar o despojarme de aquella necesidad de trascendencia, de lo infinito.

de todas formas, el que yo no sepa qué hacer con ello no significa que haya qué hacer algo que me incumba de algún modo. probablemente no se haga nada y se haga todo lo demás. y cada universo en tus bolsillos no se altere más que para mirar la publicidad de las calles, nada más falso que pensar en que te detendrás a mirar los aromos en invierno (aunque me gustaría). vanidad, sin embargo, me sobra demasiado para tan poco y nada que tengo. a veces simplemente sobrevaloro el quedarme dormido hasta que sale el sol, como todos o tan sólo soy yo el que lo piensa.

porque no tengo más intenciones que seguir
bebiendo de esta copa, que no está tan rota.

en fin, ¡hasta luego!

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