he esperado tanto
que el péndulo, mientras dormía, ha llegado al occidente
(del latin occidere)
de este océano (¿o será una laguna, un vaso de agua, una charca?)
y ahora -más alerta- temeroso y solo
más que nunca en tu vida
te mantienes despierto, desesperadamente despierto.
y peor aún, miras por las ventanas de este viaje a las circunstancias que antes pasaste por alto en tu sueño de mar calmo antes de la tormenta.
es el mismo camino, aunque de vuelta no lo parezca,
es el mismo. es el mismo después de la tormenta.
esas cir-cuns-tan-cias (deletreadamente circunstanciales) que ahora van de regreso… o más bien, permanecen ahí mismo donde las dejaste, donde se crearon y murieron
como ruinas de una ciudad
como las flores que se secan en los brazos de las amadas. son pasado de esculturas, en medio del camino son árboles, postes y señales que pasan uno tras otro.
el que va de regreso soy yo…
y los fantasmas te chocan y dan naúseas
con su hálito de pasado,
incorrompible pasado.
“despite all my rage i’m steel just a rat in a cage“
soy un instante pendular.





