es difícil ponerse a escribir. tanto tiempo sin hacerlo… sin hacerlo sinceramente con este sentimiento en el pecho. como en los viejos tiempos, aquellos en que escribía con una pluma parker que me encontré en la calle, en una libreta que sólo yo leía y ahora está guardada en una vieja caja llenándose de polvo, al igual que los recuerdos que contiene. y ahí quedarán, no vale la pena traerlos a la mesa… me tomaré este té verde solo. como ha sido la rutina de estos días fríos.
pero estos días se parecen a aquellos, sin embargo, me cuesta escribir. tantos años han pasado y me incomoda creer que estoy en el punto de partida, me desilusiona, me mata, me rompe en pedazos y pisa cada uno de los trozos en el suelo. pero en esos días no dolía tanto, era casi entretenido ser un wada melancólico, que se creía (mal y pésimo) poeta. era fácil levantarse y tener esa realidad al frente.
porque ya no soy un wada melancólico, ahora me ha dado con que soy un josef k melancólico, derrotado. contradictorio, un cínico más… si al final hay que admitir que nos gusta ser la víctima de todo esto, quejarse un rato, pedir justicia. ver el mundo en blanco y negro. “creencias irracionales” me dice la psicóloga.
el mundo es el mundo y nada más, no hay ni blancos ni negros, ni una escala de grises de millones de tonos, ni mucho menos hay colores.
sin embargo, de nada nos sirve un mundo que sólo sea mundo. vivir al día. hay que mentirse un poco, todos los días, cada segundo. para poder levantarse en las mañanas, para tomar el libro que hace tanto quieres terminar de leer o incluso darse el lujo de “pasarla bien” un rato. pero cuesta, cansado de no hacer nada más que pensar, todo cuesta un poco más. la piedra del absurdo a nuestra espalda y cuesta arriba. comenzar a darle blancos y negros a cada cosa, quizás algún gris contradictorio entremedio… incluso atreverse a ver en colores.
pero todo es mentira. el cielo no es azul, lástima grande que no sea verdad tanta belleza.
y el clonazepam al menos me pone como un gatito regalón, ronroneante… necesito alguien que me haga cariño en el cuello, que me permita llorar en su hombro. necesito que el sol salga por el ocaso y muera en un mañana claro.
al menos tengo esas horas en que el milígramo de la droga se ocupa de hacer su tarea. aturdirme del mundo, darme un poco de cinismo y sinceridad. disfrutar el día, disfrutar la ilusión de sentirse fuera de este mundo, de este mundo que sigue conformándose con ser mundo por millones de años ¡despierta, mundo! pero el mundo no despierta y en un par de horas, el clonazepam me pone a dormir… dormir como si hubieses llorado lo que tenías que llorar, hubieses amado lo que tenías que amar, hubieses dicho lo que tenías que decir, como si hubieses sido feliz. y te duermes. a veces sueñas.
el problemas es despertar al día siguiente y volver a levantarse lúcido; aturdirse.





